SIN PREJUICIOS: DE ANTI-CAZA A CAZADORA

Un antiguo proverbio chino reza así: “Dime y olvidaré, muéstrame y podría recordar, involúcrame y entenderé”.

Nunca he sido una chica prejuiciosa. Presumo de ser bastante tolerante y abierta de mente con las culturas, gustos, aficiones, y puntos de vista que difieren de los míos. Sin embargo, el tema de la caza siempre había despertado en mí cierto recelo, incluso rechazo. Lo que a mi juicio cuestionaba no era al cazador, sino la caza como una afición sana y respetuosa con el mundo animal: ¿cómo puede ser una afición respetable matar animales por placer?

A los que sois cazadores estoy segura de que se os ocurren mil argumentos con los que rebatir mis inquietudes; y los que no lo sois, puede que alguna vez también las hayáis compartido conmigo. Pero en lo que seguro coincidimos es en que esta cuestión deja al descubierto las nociones que yo tenía sobre la caza hace tan sólo seis meses: ninguna.

Dime y olvidaré

Debía ser 28 de enero y mi compañero de piso había invitado a unos amigos suyos a casa, del fútbol. Aquella noche hablé con todos, pero había un chico en particular con quien me veía incapaz de conversar sin sacar el tema a relucir:

     -Me ha dicho mi compañero que cazas. Yo odio la caza.

     -¿Alguna vez has ido a cazar?

     -No

     –Entonces no sabes si lo odias. Ven y lo ves un día.

Azares de la vida, poco después volvimos a coincidir y fuimos haciendo amistad. Por supuesto, yo siempre al margen de la caza y todo lo que tiene que ver con ella. Pero poco a poco empecé a mostrar interés por aquel chico, e inevitablemente, a tener curiosidad por aquello que, lejos de ser una afición, era su pasión: la caza.

Muéstrame y podría recordar

La primera vez que me llevó a cazar estuvimos apostados tras unos paquetes de paja a menos de cero grados más de tres horas. Estaba tan oscuro que no veía ni oía nada, ni mucho menos lograba distinguir un animal de un arbusto. La segunda vez, más de lo mismo, aunque recuerdo quedar maravillada por una piara de jabalíes que cruzaban a escasos metros de nosotros guiados por su madre (recompensas que hacen que valga la pena, nunca mejor dicho).

Hasta aquí, y durante un par de meses, la caza consistía en ir al campo, mirar al horizonte, y esperar a que, con suerte, apareciera algún animal (preferiblemente antes de que anocheciese, para que así pudiera verlo yo también). Pero como toda afición y deporte, también debía interiorizar una serie de normas: no hables, no pises demasiado fuerte, no hagas ruido, baja el brillo de la pantalla del móvil, no te muevas, no te gires, nada de colonia…

Mis expectativas estaban a cero, a partir de aquí sólo podían ir a más, aunque nunca esperé que a un ritmo tan acelerado.

Involúcrame y entenderé

Llega un día en que los sonidos de la noche empiezan a cobrar un significado; las sombras se convierten en siluetas, y las siluetas en animales; distingues el sonido del viento del zumbido de las hojas, las pisadas de un jabalí, o el ladrido de un corzo. Es en ese momento cuando el campo te devuelve a la realidad y te recuerda que no estás sólo. Te invade una mezcla de incertidumbre y respeto, que a la larga te invita incluso a jugar a adivinar qué es, dónde está y qué es lo próximo que va a hacer. Ir a cazar se estaba convirtiendo en una experiencia emocionante, que conseguía serlo con o sin el aliciente de apretar el gatillo. Y pensé: “quiero más, yo también quiero disfrutar de la caza desde el otro lado del visor”.

Llegó el día. Sin decidirlo, sin planearlo, sin pensarlo, sólo lo deseaba.

Estábamos en la finca de un amigo, sentados bajo una encina. Pasaban las horas y no veíamos ni oíamos nada. Poco a poco el sol fue desapareciendo, y con él nuestras expectativas de que ocurriese nada. Se hizo de noche y ya sólo pensábamos en recoger y volver al coche, cuando él me dijo: “Está ahí, ¿lo ves? ¡Prepárate!”

No podía estar menos preparada, estaba bien colocada, ¡pero jamás había disparado un arma! Rápidamente rebusqué en mi cabeza todo lo que él me había enseñado. Apoyé el rifle en mi hombro, las manos donde él me había dicho, la cabeza, el cuello, el tronco… y apunté. Todo ocurrió muy rápido. Era un jabalí grande y justo estaba de lado a unos ciento y pico metros enfrente de mí. Lo busqué en la cruz del visor, y rápidamente todo conectó en mi cabeza. Proyecté el disparo donde él me había dicho tantas veces, pero esta vez no era un dibujo en una servilleta de papel, esta vez iba a ser real. Apreté el gatillo sin pensarlo, fue casi innato, y un estruendo en mi oreja derecha confirmó lo que acababa de hacer.

    -No le he dado.

    -Sí lo has hecho, lo has dejado seco.

Es difícil definir lo que sentí. Al principio estaba asustada, me temblaba todo el cuerpo, y no terminaba de creer lo que acababa de ocurrir. Él me preguntó: “¿estás contenta?”, “creo que sí” le dije. Fue un instante de decisión, seguido de un subidón de adrenalina, y una mezcla de emociones agridulces que terminaron por dejarme un sabor de boca totalmente nuevo para mí, pero sin duda maravilloso. Cuando vi al animal me sorprendió no sentir pena por él, sino respeto. Yo le había visto por última vez, y ahora ya no podría olvidarlo jamás.

De vuelta a casa él me volvió a preguntar:

     -¿Estás contenta?

     -Sí _le contesté esta vez_.

     –No quiero que lo hagas por mí.

     –No lo he hecho por ti, lo he hecho por mí  _y eso fue lo que a él más le gustó_.

 

P.D. Gracias por mostrármelo, involucrarme y hacerme entender.

Y gracias a “mevoydecaza.com” por seguir haciendo precisamente esto cada día con todos los que os seguimos.

María R.M

8 pensamientos sobre “SIN PREJUICIOS: DE ANTI-CAZA A CAZADORA”

  1. En resumen, te has liado con un cazador y antes eras pro-animales por ser guay y ahora eres cazadora por el, en conclusión, has matado a un animal que no tenía culpa de nada por puro placer.

    Para sentir la naturaleza, sus sonidos, su encanto y sus cosas no hace falta matar de un tiro a un animal, te parecía precioso ver pasar a un jabalí con sus crías y después matas a uno de ellos. POSTUREO

    Con suerte el próximo ligue tiene otras aficiones más sanas y te da por imitarlo.

    1. Gracias por su comentario, aquí toda opinión es bien recibida. Vemos que no ha leído detenidamente el artículo, pues no disparó en esa ocasión, sino días después sobre un ejemplar adulto. Además, le recomiendo encarecidamente no hacer juicios de valor sobre aquello que incentiva a una persona a tomar sus propias decisiones, pues no es muy acertado juzgar sin conocer a aquel a quien juzgamos.

      En resumen, como bien dice el artículo: No se puede odiar o criticar algo sin conocerlo. Una buena reflexión a tener en cuenta. El título también se lo recomiendo, prejuzgar en muchas ocasiones juega malas pasadas.

      Un cordial saludo y gracias por su visita, ¡pues todas cuentan!

    1. La pieza fue hecha chorizo y pronto será disfrutada. De lo contrario jamás se habría cazado. Lo que se caza se come. Gracias por comentar!

  2. Todo cazador lo que caza es para comer e inclusive hay cazadores incluida yo que matamos la caza para mucha gente necesitaida.
    También un buen cazador no abate cualquier pieza porque el buen cazador respeta la naturaleza y los animales

  3. No trates de hacer entender un sentimiento a un necio. Pues para entender tu afición hay que ir al monte. Desde un ordenador es imposible. Además si corrige a un sabio le haras más sabio pero si corrige a un necio lo harás tu enemigo. Sigue con tu forma de vida pues la caza es maravillosa.

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