¡PELIGRO, MONTERIA!: SEGURIDAD Y BUENAS PRÁCTICAS

Me apasiona la montería. Reencontrarse con amigos, el desayuno, sorteo, jolgorio de las rehalas, el romper del monte de las reses, ese cochino que se cuela y un largo etcétera. Pero esa cara de tradición y adrenalina que enamora, tiene una cara oscura y peligrosa. Hoy, me enfrento a un artículo polémico, que quizá saque los colores a algún “monterillo” y me cueste más de una discusión. Pero considero que era necesario que entre mis escritos, figurara algo como esto.

Unas palabras que más que recriminar, pretenden abrir los ojos a aquellos que no han tenido la oportunidad de aprender correctamente sobre las buenas formas de la montería. O a aquellos, que lamentablemente, optan por no cumplirlas cegados por el ansia de cobrar un trofeo. Esto no es una cuestión de monterías buenas o malas, caras o baratas, de señoritos o realeza, es una cuestión de respeto, seguridad y buen hacer.

He intentado documentar con un ejemplo, basado en hechos reales, muchas de las malas o buenas prácticas que resumo a continuación. Doy fe de haberme ocurrido en todo tipo de monterías, pues la alcurnia o el dinero, no hacen a uno más o menos montero.

El puesto es inamovible

Todas las mañanas suena en las monterías la misma instrucción: “Está prohibido moverse del puesto”. Cuando un orgánico coloca un puesto, tiene en cuenta los tiros de ese puesto y de todos los de alrededor. Moverse no es una opción, el puesto está marcado en un sitio por algo, y ese algo, es la seguridad de todos los presentes. 

Agudo, 2017: Somos el 2 de un cierre, puesto de cortadero. Nada más colocarnos, el vecino se cambia de lado. Tras hacer señas durante 5 minutos, me dirijo a él y recrimino que debe colocarse en el mismo lado que el resto de la armada. Me contesta que prefiere tirarlos “de cara”, el lector puede imaginar el escalofrío que recorre mi cuerpo, pero lo de tirar de venite, lo discutiremos más adelante. Tras una larga discusión y a punto de marcharme al coche, acuden el resto de puestos y finalmente logramos que “el montero” se coloque en su cinta. Pueden ustedes imaginar cómo pasé la mañana, pegadito a las jaras.

San Pablo de Los Montes, 2016: Puesto número 4 de la traviesa central (ver imagen). Cortadero que después del 3, hacía un martillo. El vecino decide que no cubre la totalidad del cortadero y que lo mejor es avanzar y separarse de mí para cubrir más terreno. Tras 10 minutos logro que entienda que no es seguro, que si se mueve y dispara sobre una res, la estará tirando completamente en línea por muy pasada que la tire. Por no hablar, que no dejará que yo tire una carrera de ese lado.

San Pablo de los Montes, 2016: Manu está en un cortadero distinto. Su vecino tira un cochino y, ni corto ni perezoso, rifle en mano, sale corriendo cortadero a través y se mete en el monte persiguiéndolo.

La Nava de Ricomalillo, 2018: La semana pasada me encontraba en un cortadero de cierre, cortaba verticalmente desde la cuerda hasta el sopié. Los perros soltaban a nuestra espalda en una morrita que había al otro lado del sopié. Nada más soltar, arranca una carrera, los puestos del sopié comienzan a tirar. Cual será mi sorpresa, dos de mis vecinos salen hasta tres cuartos del cortadero para poder ver el lance.

Para muchos estas situaciones sonarán como invenciones e incluso cómicas, pero estas cosas pasan. Por mucho que un puesto pueda mejorar, la cinta es la cinta, la seguridad de todos está en juego. Y en el 99% de las veces, moverse del puesto estará generando una situación de peligro.

Está prohibido tirar de venite (contramano)

Cuando estamos en un cortadero, los puestos se colocan de forma que las carreras se tiren pasadas. Es decir, existe mayor probabilidad de que los animales crucen el cortadero desde nuestra espalda. Hay ocasiones en las que esto no ocurre y el animal cruza a contramano entre dos puestos. Salvo que el animal se quede parado nada más asomar, o el cortadero tenga 100 metros de ancho, el montero jamás debe tirar. Me asombra la cantidad de veces que comento esto y la gente lo desconoce. Si corremos la mano a un animal que entra a contramano, estamos corriendo la mano hacia el vecino, incrementando notablemente el peligro (ver imagen). Veamos algunos ejemplos:

Saceruela, Torneros, 2018: Siento que entre el vecino y yo, al otro lado del cortadero, suena el monte. De improvisto, salta un venado y lo cruza andando. Alto de cuerna, grueso, unas 16 puntas, espectacular. Ni el vecino ni yo nos encaramos, cruza el cortadero y se mete al monte. Al finalizar la montería comentamos el lance, sanos y salvos y con la satisfacción de saber que hicimos bien las cosas.

Puertollano, 2017: Cortadero, dos puestos más allá oigo que viene una carrera del lado contrario. Rompe un venado y, cuando ha pasado más de la mitad del cortadero hacia la línea de puestos, un puesto dispara. La polvareda se ve a 3 metros del puesto que tiene por encima y la bala rebotada se estrella en el monte delante de mi puesto. Ese día, el vecino volvió a nacer.

No se pueden cortar las carreras

Dejar cumplir la caza es cuestión de educación y respeto. Cuando una carrera va directa al tiradero de un puesto cercano, el montero jamás debe disparar sobre ella. Si hay algo que aplica en este caso es: no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.

Segovia, 2015: Puesto de testero en un barranco. A mitad de montería veo que asoma por el alto del testero entre el vecino y yo un cochino. Viene derechito a mí. Decido dejarlo cumplir, pues lo tiraré a «cascaporro». Cual será mi sorpresa, cuando estoy a punto de tirar, suena una detonación y a través de la cruz veo el cochino caer. Tras el sonido de las caracolas tocando a recogida, educadamente me acerco al vecino e increpo su actitud. Responde que pensaba que no lo había visto y que el cochino se salía de la mancha. Pues bien, eso no es excusa, el cochino estaba en mi tiradero y, se fuera o no, jamás debería haber cortado la carrera.

Aleas, 2016: Una vaguada pronunciada. Me quedo en el alto de la vaguada, el postor coloca dos puestos dentro de ésta y un tercer puesto en el alto del otro lado de la vaguada. Dominio el testero de la espalda del puesto del otro lado de la vaguada, él domina el mío. Comenzada la montería observo como un cochino se dirige al él. Cumple y dispara. Esto se repite tres veces, en las que veo como vienen careando y se van parando por el testero. No se me pasa por la cabeza ni encarar el rifle. Cual será mi sorpresa que una ladra viene directa a mi puesto, cuando ya estoy encarado esperando que cumpla, suena una detonación. Miro al otro lado de la vaguada y aún atisbo el humo salir del cañón del puesto de en frente. Siento los perros morder a menos de 20 metros de mi puesto. Cuando acaba la montería y llamo la atención del “señor”, se excusa diciendo que el cochino se estaba dando la vuelta y no iba a cumplir.

El agarre

Recientemente publicaba una historia de Instagram en la cual indicaba lo siguiente: “Si vas a un agarre, deja el rifle en el puesto”. Tanto a Manu como a mí, nos dejó sorprendidos que hubo gente que increpaba está advertencia. Llevo cazando desde que tengo uso de razón y he escuchado a todo orgánico serio repetir esa misma norma una y otra vez.

Debemos entender que disparar sobre una res agarrada por los perros, no solo pone en peligro la integridad de estos, sino que acabará con la rehala. ¿Queréis que la próxima vez que lleguéis a rematar un cochino agarrado, los perros suelten al veros?

 

Por no hablar de la falta de respeto a la tradición y el peligro que conlleva una persona armada, fuera de su puesto y disparando sin saber que hay a su alrededor.

Siempre digo que gran parte de culpa del desconocimiento al respecto, la tienen los medios de comunicación. He visto muchos documentales de caza en los que la gente dispara sobre cochinos de cercón con perros haciendo la rueda a su alrededor o en los que acuden al agarre rifle en mano. No vale todo y en esos medios es donde debería darse ejemplo. Quizá, este tipo de “agarres” se dan cada vez más a menudo porque la caza, cada vez es menos caza.

El respeto por las rehalas

No se puede tirar sobre un animal envuelto en perros o con los perros siguiéndolo de cerca. El ansia no puede poner en peligro la vida de los protagonistas de la montería. Entiendo lo difícil que es meter en la cruz un gran trofeo y no disparar, pero ningún trofeo del mundo, vale la vida de un perro.

Otro asunto que me saca de quicio es la forma de echar a los perros cuando muerden un animal abatido. Lo correcto es dejar morder un tiempo prudencial y un “¡Muerto!”  Acercándose al animal para que dejen de morder. Si los perros no son de casta, y tienden a entretenerse mordiendo en vez de seguir cazando (seamos honrados, no todos los perros ni rehalas son 5 estrellas), intentaremos que se vayan sin violencia. Y si comprobamos que se quedan a comer, daremos parte al orgánico para que sea consciente de la calidad de la rehala en cuestión.

Prefiero no dar ejemplos al respecto, es un tema que me enfada mucho, la rehala va ligada a la tradición montera, sin rehalas no hay monterías. El respeto a los perros y rehaleros no es una opción, sino una obligación.  

Los tiros y la colocación de los puestos

Algunas frases que, desgraciadamente, escucho a menudo son: “Hay mucha maleza, no hay peligro” o “Sin problema, el puesto está muy lejos”. No entiendo como la gente no entiende que para una bala no hay barreras y, que un tiro en línea, no se hace jamás por mucha maleza que haya en medio. Siempre pienso lo mismo cuando me dicen eso: ¿Te pondrías tú al otro lado de esa “gran maleza” y dejarías que disparara hacia ti?

Lo mismo ocurre con la distancia, ¡Un puesto no es más seguro por estar muy lejos de su vecino!

Creo que no todo el mundo puede organizar una montería. No basta con pagar una mancha, poner puestos en los pasos y rezar que no haya accidentes. Y lo siento, pero no hay temporada que no me toquen dos o tres puestos en los que o bien no puedo tirar porque existe peligro de accidente o, me paso la montería “cagado y rezando” para que no me peguen un tiro. Seguro que muchos de los lectores estarán de acuerdo.

Cuando se coloca un puesto, independientemente de que sea bueno o malo, se debe pensar en todo lo que lo rodea y si podrá tirar con seguridad. Una de las primeras veces que coloqué puestos para una montería, Julio Otero decidió ayudarme, me dijo una frase que jamás olvidaré: “Lo más importante a la hora de colocar un puesto es la seguridad y quitar la tentación”. Y es así, debemos desconfiar de aquel al que el destino coloque bajo esa cinta, evitar que vea zonas a las que no debe disparar y jamás confiar en que no hará un mal disparo llenándose de cochino cuando llegue el momento. Protegiendo mediante la colocación del puesto, a los puestos colindantes y a él mismo.

Con esto no intento erigirme como experto, intento argumentar y condenar las malas prácticas que veo por parte de monteros y orgánicos. Se trata de no poner un puesto sistemáticamente cada 100 metros en un camino o ladera sin siquiera comprobar la seguridad, de no apretar 70 puestos en manchas en las que realmente caben 40 puestos bien colocados, de no tirar pensando que el monte parará la bala y un largo etcétera.

Como conclusión solo puedo decir:

“Bastantes pocos accidentes ocurren para la cantidad de gente peligrosa que anda suelta”

Si con este artículo, logro que al menos una persona no cometa una imprudencia o que algún orgánico se planteé dos veces la colocación de los puestos, no habrá sido en vano. Ruego absténganse de comentarios referentes a que esto no debería publicarse, que si nos atacamos entre cazadores no logramos nada, etc. Las redes sociales e internet son un canal de información y aprendizaje estupendo, hagamos uso de ellos.

¡Precaución por favor!

Gracias por leerme.

Gonzalo Bravo

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