Esperas por daños: En busca de la correcta gestión

La época más temida

Esta semana por fin comienzan a segar los campos de trigo de mi zona de caza habitual. Habrá quien haya leído dos veces la frase, pues si hay algo que gusté a un loco de las esperas, es recechar las siembras a la luz de la luna. Pero esta época trae consigo el momento más temido para un obseso de la conservación: Los permisos por daños. 

Si bien mi generación ha asumido, gracias a la influencia de la ACE y expertos en materia de gestión y conservación, que el corzo debe ser correctamente gestionado. Parece que somos reticentes a la adopción de un correcto modelo de gestión en cuanto al jabalí se refiere. Aquellos que sigáis mis redes sociales, imagino que sabréis el factor que dinamitó este artículo (incluyo link al final). Espero que éste artículo no llegue demasiado tarde y al menos consigamos salvar las poblaciones de jabalíes en algunos lugares cuando se concedan los permisos por daños al girasol. 

Mi objetivo es buscar un punto de equilibrio entre la reducción de daños a los cultivos y la correcta gestión del jabalí. Partamos de la humilde base de que plasmo mis observaciones empíricas como cazador. Soy ingeniero, pero no de montes, con lo cual ruego a los expertos me disculpen si en algo me desvío de la teoría.

Ética y gestión de la mano

Mientras en Alemania o Polonia obtener la licencia de caza es una ardua tarea que requiere de estudio a conciencia, en España es un mero trámite. Un trámite que a mi entender no es suficiente. Me asombra el desconocimiento de muchos cazadores a la hora de distinguir machos y hembras de jabalí. No solo por su aspecto físico, más que notable, sino por su forma de actuar. Si a esto sumamos la falta de luz en las esperas, podemos concluir que una fracción de cazadores no sabe exactamente a lo que tira. Mi opinión siempre es la misma, debemos estudiar aquel animal que queremos cazar, pues el conocimiento es el camino hacia el respeto.

 

Video: Dos hembras carean por una tierra de cebada recién segada. En caso de ser necesaria la gestión, el elegido sería el ejemplar de un año que aparece por la izquierda de la pantalla durante el video. No se puede garantizar que la hembra de la derecha no sea la madre de alguno de los rayones. Lo veremos más adelante.

Lo que todos conocen -no falla nadie- son las fechas de la época de cría, básicamente porque coincide con la época de veda general. Si las nuevas generaciones nacen a finales de febrero, a finales de mayo principios de junio, tendremos jóvenes jabalíes que aún portan su pijama de rayas. Es decir, difícilmente serán capaces de burlar a depredadores, encontrar sustento y no caer en la mortal trampa de las carreteras y canales de riego.

Pensemos en la época en que se conceden los permisos por daños a la agricultura y la desinformación y poca preparación de algunos cazadores. Estos dos últimos puntos, una vez vistos por separado para evitar tergiversar opiniones, nos llevan a pensar que algo no está bien. 

Los permisos por daños se conceden cuando la guardería forestal comprueba que los animales salvajes están generando un agravio económico a los agricultores. Es decir, el cazador tiene la oportunidad de realizar un control poblacional porque la superpoblación de animales causa estragos en las siembras. Hasta aquí todos de acuerdo. Pues bien, jamás he visto un permiso en que se justifique que el cazador se quite la careta de gestor y pase a convertirse en un EXTERMINADOR. No podemos escudarnos en este tipo de permisos para perder la ética como cazadores y disparar a diestro y siniestro sobre todo lo que entre a las siembras.

Soy el primero que sufre daños en los cultivos y comprende el agravio causado por los suidos. Es totalmente necesario realizar controles poblacionales en determinadas zonas para evitar los daños, pero jamás debemos olvidar que los cazadores somos gestores, no asesinos. Todo propietario de cultivos en zona cinegética sabe que parte de la cosecha se perderá, siempre ha sido así y siempre lo será.

«Debemos estudiar aquel animal que queremos cazar, pues el conocimiento es el camino hacia el respeto.»

«Jamás he visto un permiso en que se justifique que el cazador se quite la careta de gestor y pase a convertirse en un EXTERMINADOR»

Con los siguientes puntos, intentaré ayudar a aquellos que realmente estén preocupados por una correcta gestión del jabalí y a su vez quieran controlar los daños sufridos en los cultivos.

Si lo que buscas son pistas para encontrarlos y cazarlos en verano, pasa por éste artículo que escribí hace algún tiempo: «Claves para las esperas del jabalí en verano».​

¿Qué animales he de cazar?

Norma número uno: Las hembras adultas deben ser consideradas como intocables, así lo son en el resto de Europa. Son las encargadas de sacar las piaras adelante. Precisamente son las mejores aliadas del control poblacional, pues son ellas quienes no meterán a la piara en una siembra durante unos días tras haber escuchado un tiro. Además, irán acompañadas de crías de esta primavera, que dependerán de ellas para su subsistencia. Si abatimos la hembra que guía la piara, muy probablemente encontremos la misma piara desorientada al día siguiente en la misma siembra.

Video: Jóven macho campea por la linde de una tierra de trigo antes de las dos luces.

A mi entender hay tres grupos de animales que deben ser los elegidos para el control poblacional por daños.

En primer lugar y, como objetivo principal para la gestión, destacamos los animales de un año, aquellos que nacieron la primavera del año anterior. Motoristas, primales, bermejos o como dicen en el resto de Europa yearlings o freshlings. Si buscamos equilibrar las poblaciones, intentaremos quitar a las hembras de esta categoría. Ningún otro ejemplar de la piara dependerá de ellos, por tanto no causaremos daño colateral alguno.

Por otro lado encontramos las hembras solitarias, bien porque sean “machorras”, no críen o porque han llegado a un nivel de madurez que no permite que se reproduzcan. Cazando estos ejemplares, de nuevo, no haremos daño.

Machos adultos. Claramente, el sueño de todo cazador es abatir un gran macho en espera. Teniendo en cuenta la dificultad de su caza y, que por tanto nunca lograremos abatir un número que afecte a la reproducción durante el celo, abatir machos adultos tampoco tendrá repercusión sobre el resto de ejemplares o la población. Respecto a machos de mediana edad, es decir navajeros, tiendo a no tirarlos. Dentro de los daños que estoy dispuesto a asumir, soy partidario de respetar machos de este tipo. Es difícil que un macho consiga llegar a una avanzada edad, estos han recorrido medio camino, prefiero dejarlos y así lograr una población estable de machos adultos en el futuro. Habrá quien discuta que al no ser territoriales, esta gestión no garantiza la abundancia de machos. Discrepo, quizá no se queden en el mismo coto, pero si estaremos garantizando un mayor número en la zona. Cada año incremento el número de machos adultos cazados, tengo la convicción de que uno de los factores clave para estos resultados, además de la tranquilidad y la comida, es respetar los machos jóvenes y navajeros.

Si hablamos de la urgencia en la reducción de poblaciones, véase debido a un brote de peste porcina. La solución óptima en la reducción de poblaciones sería la caza de ejemplares adultos, ya fuera machos o hembras, pues esto tendría un efecto directo sobre el ciclo reproductivo (Tack, 2018). Ante este tipo de situación, como es de esperar, mi artículo perdería todo sentido. Pues se trataría de una emergencia cinegética, que nada tiene que ver con el control por daños. 

¿Como los distingo?

A continuación expongo el resultado de las observaciones de una vida, llamémoslo cuaderno de campo.  Con esto quiero decir, que todos los rasgos y comportamientos que describo están basados en mi propia experiencia.

Por comportamiento

En primer lugar debemos analizar el comportamiento de los jabalíes en esta época. A diferencia de los meses de celo, un macho adulto no irá con las piaras y generalmente lo encontraremos solo. En caso de moverse cerca de ellos, no se inmutará por la presencia de los demás ni los pegará. Los demás mostraran desconfianza y veremos que se separan de él. Sin embargo, los machos más jóvenes intentarán mostrar su poderío. Los veremos más activos, moviéndose, pegando a las piaras que haya comiendo, bufando, erizados. En definitiva, intentando aparentar.

Siempre debemos esperar un tiempo prudencial antes de tirar, ya sea cuando recechamos o esperamos. Si estamos de espera, las hembras adultas que guían piaras entrarán generalmente las primeras. Debemos esperar unos minutos para asegurar que no van acompañadas. Durante este tiempo afinaremos el oído e intentaremos ubicar si hay pequeños ocultos bajo las siembras. No olvidemos que en la mayoría de los cultivos, las crías de este año permanecerán ocultas y no levantaran por encima de las espigas. Lo más probable es que durante la espera escuchemos algún gruñido infantil, peleas y más movimiento que si de un animal solitario se tratase.

Respecto a los gruñidos, un animal adulto que gruñe, con casi total seguridad será una hembra. Lo mismo ocurre con las peleas, los machos adultos no suelen pegarse en esta época, es muy probable que la pelea que escuchamos al borde del monte sea entre ejemplares jóvenes de una misma piara.

Por morfología

Una vez hechas las distinciones en su comportamiento, pasemos a analizar sus trazas o rasgos más significativos.

La forma corporal de los machos adultos está marcada por sus escurridos cuartos traseros con respecto a su tabla. Muestran cuerpos más triangulares que las hembras, que tienden a ser rectas y redondeadas. Ojo con los machos jóvenes, algunos tienden a mostrar lo que denomino el “cuerpo salchicha”, alargados y rectos sin aún presentar una tabla ancha y elevada con respecto al resto del cuerpo. En cuanto al tamaño, tienden a ser un 10-15% mayores y a pesar un 20-30% más. Los cuerpos de los machos frecuentemente están cubiertos de escudos de barro (Tack, 2018).

La cabeza y hocico son algo fundamental. Las hembras muestran hocicos alargados y finos, trompeteros como suelen definirse en el argot. Las que tienen hocicos más chatos, no presentan un rasgo inconfundible en los machos, y es que no arrugan. El morro de un macho adulto es arrugado y ancho. Al observarlos por el visor veremos que tiene una forma que parece cuadrada y achatada.

Los machos muestran casi siempre una característica “joroba” de pelo a la altura de los riñones. Su crin es uniforme hasta los riñones donde prácticamente desaparece y vuelve a crecer en forma de penacho que da la sensación de joroba.

Tras analizar todo lo anterior, si dudamos entre macho y hembra adulto, recomiendo encarecidamente, en aquellas comunidades en que esté autorizado, hacer uso de una fuente de luz o dispositivo de visión nocturna. De ese modo, con la ayuda del visor, podremos distinguir mejor si se trata de un macho o una hembra. Como pista, en mi caso solo aprieto el gatillo si soy capaz de ver sus defensas.

Si están fuera de la siembra, con una fuente de luz o la ayuda de la luna podremos observar el pincel peneano y testículos de los machos.

Video: Macho jóven de unos dos años, aún presenta un físico recto. Se observa la joroba de la crin, el pincel peneano y un hocico que comienza a achatarse. 

Por tanto, los puntos a tener en cuenta serían:

  • Siempre que entre un animal, espera un tiempo prudencial para asegurar que va solo.
  • No tires animales que estén en grupo aunque parezcan muy grandes de cuerpo.
  • Las hembras adultas siempre deben ser respetadas.
  • Busca aquellos solitarios que están desplazados de las piaras.
  • Hay tres grupos a gestionar cuando se controlan daños: hembras solitarias, ejemplares de un año y machos adultos.
  • Escucha el campo, los pequeños, no visibles debido a su tamaño, tienden a ser escandalosos. Gruñen, se pegan, juegan y se mueven.
  • Un animal grande que gruñe, casi con total seguridad será una hembra.
  • Busca su morro arrugado a causa de sus colmillos y amoladeras.
  • Animal grande y hocico trompetero, ha de ser respetado.
  • La crin de los machos suele presentar una característica joroba encima de los riñones.
  • Los machos presentan un visible pincel peneano, especialmente con la ausencia de pelo en el resto del cuerpo debido al verano.
  • Ante la duda, la mejor opción es siempre no apretar el gatillo.
  • Los ejemplares de un año irán en grupo, a excepción de algún macho emancipado prematuramente.

Conclusión

Quisiera recalcar el mensaje principal de este artículo. Por favor, no esquilmemos las poblaciones usando el nombre de la caza y la gestión como excusa. Los cazadores tendemos a ser orgullosos, a pensar que nadie tiene que enseñarnos nada del campo. No es así, todos tenemos que aprender, que leer, que documentarnos… El objetivo es lograr las poblaciones más compensadas, sanas y estables. Ayudando a los agricultores sin perjudicar al campo. Debemos dar un paso adelante, mostrar a la sociedad que no somos bárbaros que buscan disparar sobre cualquier animal.

Ética y respeto son lo primero que meter en nuestro morral de esperas.

Gracias por leerme. Adjunto más abajo la publicación de instagram que me incentivó a escribir el artículo, supongo que el que no la haya visto antes, simpatizará con lo escrito en las líneas anteriores. 

Gonzalo Bravo

Uno de los cochinos de este año, se dirigía a las tierras de labor, seguramente con la intención de buscar alimento en la tierra mojada tras la tormenta.

View this post on Instagram

IMPORTANTE REFLEXIÓN!!Este video es en abierto, aunque muchos no lo crean. ¿Sabéis a que se debe? A, con perdón, la puta mala gestión de algunos ignorantes que se llaman a sí mismos cazadores. Hoy me da igual que venga nadie diciendo que esto hace daño al colectivo y demás. Esto es el resultado de tirar a todo que se mueve en las siembras cuando se reciben permisos por daños. Cochinas que cuido durante todo el año, que respeto... para que cuando llega esta época, los cotos colindantes reciban su tan ansiado permiso y con él su licencia para matar. Tiros cada dos por tres, rayones y primales desorientados... ¿Que mierda es esta señores? ¿Esto es caza? Me bajo del carro si lo es. Un rayón al que he llamado haciendo los ruidos de hembra y ha venido como un perrillo hasta mi. Para mi no es divertida la escena, todo lo contrario, se me parte el alma. Es rabia, es impotencia... Ojalá leáis esto falsos cazadores, ya son muchas hembras las que año tras año tiráis a sangre fría. Ojalá alguien os identifique, pues yo no puedo, y se os caiga la cara de vergüenza. Creo que nuestro país necesita un cambio de mentalidad, un examen del cazador a la altura de paises europeos en el que los pistoleros no puedan salir al monte sin estar formados para gestionar correctamente el medio. El que quiera que venga ahora con la copla de los daños, llevo toda mi vida gestionando daños, y esta no es la forma. Esto es cargarse el medio. Las cochinas adultas son sagradas, y cuanto antes nos mentalicemos todos, mejor nos irá. Perdonad las formas, sabéis que no es mi estilo. Hagamos limpia joder, reprochemos estos comportamientos, hay gente que no se merece llamarse a sí misma cazadora y mucho menos representar nuestra imagen frente al resto de la sociedad.

A post shared by 12K Me Voy De Caza- Hunting (@mevoydecaza) on

Referencias

Tack.J. (2018) Wild Boar (Sus scrofa) Populations in Europe, A scientific review of population trends and implications for management. European Landowners Organisation, Bruselas.

2 pensamientos sobre “Esperas por daños: En busca de la correcta gestión”

  1. Pingback: Mención en Caza, Pesca y Naturaleza (14/07/2019) - Me voy de caza

  2. Pingback: Entrevista en El Morral Del Cazador - Me voy de caza

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.