CRÓNICA: EL LISTILLO

Crónica por César.G.G.

En el mes de julio vi las primeras señales de este magnífico e inteligente jabalí. Desde entonces lo había estado siguiendo y conociendo. Quien me conoce y sabe mi afición por la caza nocturna y las esperas podrá confirmar que no menos de seis días por mes -no menos de tres horas por día de media- con noches de seis horas es lo que dedico a esta modalidad de caza.

Tengo que sumar las horas que durante el día busco y analizo las señales que dejan unos y otros por la noche. Me hablan de quienes son, cuántos, su sexo, qué hacen, donde comen, donde beben y donde se bañan.

Durante los veinticinco años que llevo cazando de esta forma aprendí mucho. Viví lances de todo tipo y en todas las condiciones que el campo y la naturaleza te presenta: calor y mosquitos, despejadas y transparentes noches de heladas, viento, lluvia, tormentas, de todo… ¡y con todas disfruto!

Digo todo esto para que los que lean esto no crean que sea un cuento o una invención.

Durante meses vi como el listillo una y otra vez me ganaba en esta partida que él y yo teníamos por las noches. De verdad creo que así era, que él sabia de mi casi tanto como yo de él. No conseguía que ninguna de mis estrategias para dar con él funcionara, me sacó el aire en varias ocasiones y me bufó y gruñó dejándome claro que esa noche él había vencido.

Alguna noche después de cenar, con la noche ya bien entrada, salía al monte en su busca con la intención de sorprenderle en alguno de sus sitios favoritos después de que él ya hubiera revisado la zona y asegurado que yo no estaba. Me quitaba las botas y caminaba por el monte en calcetines, muy despacio, palpando el suelo como si de manos se tratara para no romper una ramita, mover una pequeña piedra o aplastar hojas secas que me delataran. Creedme si os digo que alguna vez me sentía totalmente integrado en la naturaleza. Era uno más de sus habitantes y estaba de caza, una sensación que solo nosotros experimentamos.

«Durante meses vi como el listillo una y otra vez me ganaba en esta partida que él y yo teníamos por las noches…»

Ellos tienen todas las ventajas: oyen mucho mejor, huelen mucho mejor y se mueven mucho mejor. Todas menos una, nuestra inteligencia y capacidad de planificar estrategias. Pues este duro contrincante, inteligente y con mucho instinto conseguía darme esquinazo una y otra vez.

Estoy seguro –y creed que es así- que él sabía cuando estaba yo en el monte y cuando me había quedado en Madrid. Seguramente este animal sabía cuando era viernes, sábado o domingo. Sus años de vida le enseñaron que cuando las carreteras que pasan entre los montes de un pueblo a otro hacían más ruido de lo habitual era el momento de tomar todas las precauciones. Había aprendido que eso era la señal inequívoca de que el hombre cazador entraba en su territorio para darle caza.

Una noche del último fin de semana de octubre nos encontramos en la noche, yo salí de casa después de cenar y ver una película, era cerca de la una. Lo vi debajo de una gran encina comiendo bellotas, estaría a noventa metros. Mucha distancia para la noche, pero no dudé un segundo de que era él. Su tamaño, sus formas, sus maneras…

Busqué donde apoyarme para tirar, pero no tenía nada cerca y no quería moverme, seguro que si me localizaba huiría. Puse una rodilla en tierra y apoyé mi codo sobre la otra. Esperé a que me diera su costado, coloque con cuidado la cruz en su corazón y disparé. Se desplomó, no dio un paso.

 
Lo celebré lanzando mi puño al cielo y me acerqué a verlo. Allí estaba tumbado en el suelo inmóvil, me arrodille a su lado y le di un par de palmadas en su erizado lomo, acaricié su frente y le dije: Lo siento listillo eras un gran jabalí. Lo contemplé durante unos minutos y decidí que esa postura no era la que merecía este animal para pasar su última noche en el monte. Lo coloqué tumbado sobre sus patas levante la cabeza con una piedra y le abrí la boca.

…César G.G.

"Allí estaba tumbado en el suelo inmóvil, me arrodille a su lado y le di un par de palmadas en su erizado lomo, acaricié su frente y le dije: Lo siento listillo eras un gran jabalí"

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