CLAVES PARA LAS ESPERAS DE JABALI EN VERANO

Un año más se presenta ante nosotros la época estival. Aprieta el calor, las siembras comienzan a espigar, el girasol asoma tímido entre los terrones de las tierras aradas y los pívots sueltan agua sobre los maizales.

Época de movimiento, unos a la playa, otros al pueblo y otros muchos, entre los que me incluyo, a currar (-Tienes que pagar tus vicios cinégeticos!- resuena la voz de mi padre en mi mente).

Momento esperado por todo esperista: siembras, clima agradable, lunas gigantescas, millones de moscas, mosquitos (!!!)…y cochinos, muchos cochinos. ¿Será este el año del gran macareno?

El trabajo comienza meses antes

El trabajo no comienza cuando los agentes medioambientales dan un informe favorable de daños y se nos concede el permiso correspondiente de aguardos. Debemos tener nuestra zona controlada desde que las tierras comienzan a verdear. Buscaremos los trigos, con tonalidad verde oscura, para diferenciarlos de las cebadas, con verdes más amarillentos. Veremos qué tierras serán de perdido y cuales se preparan para maizales y tierras de girasol.

Verano 2017: Logré abatir este gran cochino en un trigal (106,5 puntos).

Tendremos un par de meses para idear la estrategia, buscar los mejores apostaderos dependiendo del aire y consultar a los agricultores sobre las variedades que plantaron en cada tierra.

Encontrar la siembra adecuada

Cuando hay cientos o miles de hectáreas sembradas en los alrededores, resulta difícil averiguar dónde se encontrarán los suidos. Lo primero a tener en cuenta será que no les gustan las “raspas”. Con esto me refiero a que buscarán cultivos en los que el cereal sea fácil de comer y no tengan que pincharse para masticar.

Por tanto, primera norma: no los busques en las cebadas o centenos. Siempre y cuando tengan otras alternativas en su menú, eso por supuesto.

A principio de verano, avenas y trigales serán los cultivos más proclives a sufrir las fechorías nocturnas de los jabalíes. Pero, ¡ojo! No todos los trigales tienen el mismo premio.

Habrá quien haya esperado noche tras noche en un trigal en su máximo esplendor y no haya visto ni las moscas. Tienden a evitar el trigo con raspa (cada vez más habitual en zonas con abundancia de jabalíes) y se vuelven locos con el trigo mocho. Revisad bien el tipo de trigo, pues si tiene raspa y cerca hay un mocho, estarán todos allí.

Respecto al momento, los cochinos adoran las siembras «en leche». Antes de endurecer, el cereal contiene en su interior un dulce jugo que hace las delicias de los jabalíes. Si hay un momento óptimo, es éste, justo antes de empezar a tostarse.

Manu y Jesús Sánchez tras cobrar este descomunal jabalí en un trigo recién segado (109 puntos).

El sitio adecuado

Una vez localicemos aquellas tierras propicias para alimentar a jabalíes, buscaremos sus señales: Excrementos, pajas tumbadas, trochas marcadas desde el monte, mazorcas y girasoles mordidos…

Y lo más importante cuando se trata de siembras de espiga, LAS BOLAS. Más de uno sabréis perfectamente a lo que me refiero con las bolas. Cuando el jabalí mastica una espiga, ingiere el cereal y escupe lo demás. De este modo, encontraremos bolas de paja repartidas por la siembra y plantas decapitadas. Señal inequívoca de que están picados a esa tierra.

Buscaremos apostaderos cerca de las zonas más tomadas siguiendo el criterio: a más daños, más posibilidad de presencia nocturna. Es curioso, durante los años he visto como tierras de 300 hectáreas tenían toda su actividad nocturna centrada en 30 hectáreas. Y es que, si hay un caprichoso en el monte, ese es el cochino.

"Bolas" en un trigal.

¿Cúando me pongo?

La forma de cazarlo depende mucho del cultivo y de gustos. Os cuento mi modus operandi, como siempre os repito, es mi modesta opinión.

Si cazo trigales o campos de avena en los que veré asomar una parte suficiente del cuerpo del animal que me permita identificar su sexo y tamaño, iré tarde. Es decir, cazaré las dos luces en otro punto alejado del coto al paso o en una charca. Entrada la noche, me desplazaré hasta la siembra y entraré desde el lugar que mejor venga el aire.

Muchos os preguntaréis: ¿Por qué? Durante los años he visto a grandes cochinos pegar “la revolá” y dar amplias vueltas a la zona antes de entrar a las tierras. De este modo, me aseguro que todo lo que quiera entrar a la tierra esa noche, entrará. Ojo, he cobrado grandes cochinos a plena luz del día entrando francos a una tierra, pero prefiero curarme en salud.

Si los cultivos no me dejan ver en su interior o valorar a los animales, como ocurre con girasoles o cereales altos, los esperaré al paso. En las trochas que los conduzcan del monte a las zonas más tomadas.

Mi experiencia en maizales con los jabalíes es que, pese a vivir dentro durante una temporada, los guarros a veces salen a carear por los bordes y dan la cara momentáneamente. También los cazo al paso, entre el monte y el maizal, pues no todos habitan dentro.

Me gusta mucho esperarlos de recogida. En vez de esperar a que entren a dos luces o primeras horas de la noche, dejar que entren, como hago con los trigos. Recordemos que las horas de oscuridad en verano son reducidas y los animales las apuran para comer y bañarse. ¡A quien madruga, Dios le ayuda!

Cuando el girasol seca y tira las hojas ya pasado el verano, situándonos en puntos elevados, veremos a los jabalíes carear en su interior.

Con Manu Sánchez. Primer cochino de esta temporada, al paso, entre el monte y un trigo que empezaba a mostrar evidencias de la presencia de cochinos.

¿Cómo lo cazo?

Me apasiona recechar los bordes de la tierra, escudriñando cada rincón con ayuda de la luz de la luna. Oteo con cuidado los bordes y las sombras de las matas que allí se encuentran. He logrado cobrar más de un gran macareno que apenas sacaba medio cuerpo del monte para comer y se escondía entre las sombras. Esto, siempre y cuando llegue tarde a la siembra, sino, espero a que entren y cuando localizo un macho grande hago la entrada.

Pese a lo que se pueda pensar, cuando el guarro da la cara a la tierra y se pone a comer, baja mucho la guardia. Se siente protegido.

No os diré lo que hago para lograr acercarme a escasos metros de ellos, eso forma parte de mi librillo, además, me tomaríais por loco.

Hace unos días logramos dar con este navajero en un trigo mocho, altísimo. Tuvimos que esperar una hora hasta que logramos identificar correctamente que se trataba de un macho.

Nota reflexiva: La caza es ética y respeto

Los permisos por daños se conceden, como su propio nombre indica, por daños. Es decir, el cazador tiene la oportunidad de realizar un control poblacional porque la superpoblación de animales causa estragos en las siembras y conlleva daños económicos para los propietarios de éstas. Hasta aquí todos de acuerdo.

Pues bien, jamás he visto un permiso en que ponga que el cazador pasa a ser un James Bond rural con licencia para matar. No podemos escudarnos en este tipo de permisos para perder nuestra ética como cazadores y disparar a diestro y siniestro todo lo que entre a las siembras.

Los cotos que gestiono hace años, tienen poblaciones muy elevadas de jabalíes. Hay noches en las que pueden verse fácilmente 80 jabalíes careando las tierras. Producen daños, sí, y por supuesto hay que controlar sus números. 

«Jamás he visto un permiso en que ponga que el cazador pasa a ser un James Bond rural con licencia para matar»  

No se trata de tirar hembras con cochinetes que no llegan a primales con la excusa de que hacen el mismo daño que los grandes. Si en estas zonas realizando controles correctos, los daños son aceptables, no entiendo como en otras zonas, muchos vienen a justificarse con que es necesario controlarlos y tirar a todo.

Todo propietario de cultivos en zona cinegética sabe que parte de la cosecha se perderá, siempre ha sido así y siempre lo será. De modo que controlemos poblaciones éticamente y dejemos de arrasar.

En ocasiones me han pedido que acuda a tierras de conocidos porque estaban muy tocadas y he realizado un control poblacional. No solo tirando macarenos, sino seleccionando o directamente espantando la caza.

Quizá os hablo desde el resentimiento y el miedo que me produce esta época. He visto como permisos de este tipo en manos de desaprensivos han hecho daño a zonas en las que cazo. Sin ir más lejos, el año pasado, un coto lindero al mío, sin monte ninguno, sacó acciones a diestro y siniestro entre sus socios. Contaban con dos tierras de trigo mocho y no había noche en que no hubiera alguien colocado en los pasos. El asunto es que abatieron unas 40 hembras en un verano. Sí, todo hembras, tiraban todo lo que veían.

¿Sabéis cuál es el resultado? Un año sin ver hembras grandes, las encargadas de sacar las piaras adelante. Cochinos de 15kg en grupos de 5 careando a las 6 de la tarde por las tierras completamente desorientados.

En Centroeuropa habrían colgado a esta gente.

En conclusión, las poblaciones se deben controlar para evitar daños. Pero deben ser controladas con ética y criterio. Hay quien me colgará por hacer esta llamada de atención, que si los cazadores no podemos atacarnos entre nosotros, etc, etc.

Nuestro sector necesita reeducarse. No se trata únicamente de aprender de nuestros padres y abuelos. Se trata de formarse, de leer y de convertirnos en un elemento sostenible para el medio. Dejémonos de excusas baratas para apretar el gatillo y apretémoslo solo cuando sea correcto.

La caza bien llevada es un instrumento básico para el control poblacional. No confundamos control poblacional con control de daños. El control por daños debe gestionarse de forma distinta a un control poblacional llevado a cabo por ejemplo en monterías. Los daños se producen generalmente en una época clave para el desarrollo de las nuevas generaciones.

Controlemos los daños de forma selectiva y, seamos realistas, desde luego que la caza es el factor principal para controlar estos daños, pero no es el único. Si los daños son desproporcionados, hagamos uso de todos los medios necesarios para reducirlos, pero no esquilmemos las poblaciones usando el nombre de la caza y la gestión como excusa.

Gracias por leerme como siempre.

G.Bravo

2 pensamientos sobre “CLAVES PARA LAS ESPERAS DE JABALI EN VERANO”

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